miércoles, 30 de septiembre de 2020

La Abstracción Geométrica en Chile

"La Rueca" Alicia Larraín

El 7 de agosto de 2009, se inauguró en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción la exposición que se denominó “El País Geométrico”. La importancia de este suceso, es que se dio a conocer por primera vez en el país la existencia de una tendencia artística, a la que numerosos artistas nacionales habían adherido.

 

Ana Cortéz

Lejos quedan los movimientos Rectángulo y Forma Y Espacio, para los nuevos artistas que hacen abstraccionismo geométrico. Las ideas de imponer un orden y los intelectivos por encima de la simple intuición, según lo describía Antonio R. Romera, en diciembre de 1970, no son ideales que se persigan hoy en día.

 

La abstracción geométrica que los artistas nacionales han logrado a diferencia de la abstracción lirica, un grado de creatividad esencial que personaliza al movimiento artístico como netamente nacional. Vergara Grez y el arte prehispánico de sus obras y Matilde Pérez y el arte cinético, son una clara demostración de un arte investigativo que, si bien siguieron las huellas del abstraccionismo geométrico, lograron una perfección en el sentido de sus obras, un lenguaje llano y directo, captado por el gran publico.

Alicia Blanche

 

La abstracción geométrica adoptada por la celebre Bauhaus, teniendo como finalidad una concepción conjunta de todas las artes, permitió generar una nueva visión de los objetos, creó por cierto un nuevo canon de belleza, basado en proporciones de las formas definidas por la geometría en relación al funcionalismo en el uso de la luz.

 

La abstracción geométrica, hoy reconoce a la artista sueca Hilma af Klint, como su creadora. Ella reveló la inspiración masónica de sus obras, lo que la inhibió a exhibir las de características geométricas, y solo en su testamento autorizo que después de muerta estas se hicieran publica. Todo conocimiento considerado como esotérico era perseguido en esa época de secretismo. Con mayor razón se censuraba a un arte que hiciese uso de la geometría en un sentido místico, sin embargo, varios notables artistas posteriores a ella, abrazaron la geometría en esa misma inspiración, así vemos al poeta chileno Vicente Huidobro, o al pintor uruguayo Joaquín Torres Garcia, que son los creadores e impulsores de la abstracción geométrica en Latinoamérica, que eran iniciados en ordenes masónicas. “Círculo y Cuadrado son las principales polaridades energéticas del Universo, vistas desde el ángulo de la geometría sagrada: redondo como el Cielo, cuadrado como la Tierra. En su intersección está el Hombre, habitante del mundo medio, entre el Cielo y la Tierra”[1].

 

Alicia Blanche

Evidentemente no todos los artistas que ejecutan abstracción geométrica en sus obras tienen inspiración masónica. En la actualidad el arte se ve más neutro en orden de pensamientos e ideologismos.

 

Andrés Vio

Pasan los años y en esa perspectiva que nos entrega el tiempo, vemos como el movimiento de abstracción geométrico, toma una gran relevancia en la historia del arte en Chile. Tal vez no tuvo los premios nacionales que se llevaron otros artistas, en consideración a las tendencias europeas en boga, a obtenerlos. Pero, en la actualidad nuestros artistas geométricos, son reconocidos no solo en Chile, sino que han trascendido las fronteras y se hacen presente en exposiciones internacionales.



[1] https://lecercleetlecarre.fr/

Carmen Piamonte




Fotógrafos analogos


Marcelo Kohn, Mario Vivado,  parados Pablo Rosenblatt, Fernando Balmaceda y Álvaro Mardones

 

“En el fondo la Fotografía es subversiva, y no cuando asusta, trastorna o incluso estigmatiza, sino cuando es pensativa” (Barthes, 1989, 81). 

Hablar de profundidad de campo, obturador, diafragma, ASA O ISO del rollo fotográfico, cuarto oscuro, laboratorio fotográfico, y otros, es lenguaje del pasado, como lo es para la mayoría la fotografía análoga. En nuestros días donde todos somos fotógrafos, con nuestros celulares, somos capaces de autofotografiarnos o hacer selfies, las máquinas análogas son cosas del pasado. Pero hay elementos en la fotografía que no cambiaran, que son esa capacidad de captar, aunque intuitivamente, el motivo por el cual decidimos grabar el momento en que sucede algo importante para nosotros, o sea el componer. La composición que es lo que hace que la fotografía sea un arte. 

He tenido la suerte de conocer a un grupo de fotógrafos chilenos que con su intenso y laborioso trabajo se han ganado un lugar en el arte de la fotografía. Ellos hicieron de la fotografía un sentido de vida, se consagraron a ella, con toda la pasión requerida para hacer de esta un arte. 

La fotografía en manos de seres libres impetuosos, que con su cámara construyen la historia de la ultima década de la fotografía análoga es un camino lleno de creatividad. Con ellos nace ese espíritu noble de compartir, de entregar la mirada a un publico que reconoce en ellos a unos héroes, que nos relatan la vivencia de tiempos compulsos. 

Alrededor Jaime Goycoolea y Julia Toro, en los años 70 del siglo pasado, se formó una especie de colectivo de fotógrafos, donde convivieron por años, Alvaro Mardones , Mario Vivado, Fernando Balmaceda, Inés Paulino, Marcelo Kohn , Pablo Rosenblatt y Jorge Brantmayer. Todos ellos eran fotógrafos analógicos que inmortalizaron con sus miradas esos tiempos de desesperanza.

Destaco a Franklin Jaime Goycoolea, como la persona de mayor talento y creatividad en el arte fotográfico, sin lugar a dudas, su mundo, es un mundo inscrito en la imaginación pura de lo trascendente y ha logrado conmover a sus espectadores al captar un mundo a veces invisible para la mayoría. 

Álvaro Mardones, Fernando Balmaceda, Pablo Rosenblatt, atrás Mario Vivado y Marcelo Kohn

 

El fotógrafo Jaime Goycolea. Santiago de Chile, 1981. Foto: Elías Adasme.

Los paisajes mal copiados sucios aportan a esas fotos un aliento de verdad un dejo de creencia del instante conformando universos paralelos, a los cuales estamos acostumbrados de recibir productos edulcorados de supermercados. Goycoolea es la anti fotografía de esos retratistas de los años treinta.

El trabajo de Julia Toro, ampliamente difundido y reconocida por su capacidad intelectual, es tal vez la más conocida entre todos los integrantes del grupo, sin restarle méritos, el resto del grupo tienen una meritoria trayectoria. 

Dos fotógrafos unidos en la aventura de vivir el día a día, donde la mirada de uno se contrapone a la del otro. Julia Toro se nutre con el hacerles retratos, desde el pequeño Mateo Goycoolea al Enrique Lihn, mientras que Jaime Goycoolea busca el entorno, el paisaje urbano desconociendo al hombre, es su sombra la construcción de su foto. 

Álvaro Mardones

 

Fernando Balmaceda (1956) se ha relacionado con la fotografía desde siempre. Su padre hacía películas y en su hogar había laboratorio fotográfico. Durante años, tanto en Francia como en Chile, hizo fotografía personal y luego se dedicó a la publicidad. En esta serie de fotografías de jovencitas, Balmaceda usó siempre luz natural de ventana, blanco y negro, encuadre apaisado, fondo neutro y con una mínima producción. Como señala el autor, “como el grupo Dogma, menos, es más. Pensé al hacer las fotos que serían como las distintas piezas de un puzzle y que al verlas juntas habría una sorpresa sobre todo para mí”. 

Jorge Francisco Brantmayer Barrera nació el 11 de octubre de 1954 en Santiago, Chile. Estudió Licenciatura en Artes mención pintura en la Universidad de Chile entre 1974 y 1979, teniendo entre sus profesores a Adolfo Couve y Luis Lobo Parga. En paralelo, desde 1976, se formó en fotografía profesional en la Escuela de Foto Arte de Chile, disciplina que le ha apasionado y practicado desde su época escolar. 

Entre sus exposiciones individuales destaca Cautivas (2007-2008) en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Santiago, y en el Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia. Así como el proyecto Muchedumbres, realizado desde el año 2011, el cual ha dado origen a diversas muestras tanto en Chile como en el extranjero. A esto se suma la circulación de su obra en exhibiciones colectivas por Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Brasil, España y Bélgica. En 2004 integró el colectivo 5+ junto a Pilar Cruz, Mariana Matthews, Mario Fonseca y Rafael Edwards (1950). 

Ha recibido numerosas distinciones, entre ellas las otorgadas por el Círculo de Críticos de Arte de Chile, quienes lo han premiado en tres ocasiones (2007, 2010 y 2017). Además, fue acreedor del premio Altazor en cuatro versiones (2000, 2008, 2009 y 2013). 

En su obra ha abordado temáticas diversas, entre las que tiene una fuerte presencia el retrato, realizando series de inmigrantes, estudiantes y mujeres privadas de libertad, entre otros. Junto con ello, ha creado y fotografiado escenas perfomáticas en las que el cuerpo de los participantes se enfrenta a chorros y manchas de pintura y otras substancias. Además, ha capturado escenas citadinas en diversas urbes del mundo, así como también objetos a partir de los cuales realiza series, por ejemplo, de elementos naturales con forma de corazón, o de elementos tecnológicos obsoletos a los que ha sometido a altas temperaturas. A esto se agrega que ha efectuado registros fotográficos de las obras de numerosos artistas, entre ellos Arturo Duclós, Eugenio Dittborn y Samy Benmayor. 

En paralelo a su trayectoria artística ha ejercido la docencia en la Universidad del Desarrollo y en la Universidad Diego Portales, en Santiago. A su vez se ha dedicado a la fotografía comercial. En 1979 viajó a Venezuela donde realizó fotografías en distintos países latinoamericanos por encargo de la Universidad Central de dicho país. En 1988 creó Brantmayer Estudio Fotográfico enfocado a imágenes editoriales y publicitarias. 

Marcelo Kohn. Perros y gato. Fotógrafo y cámara, casa y estudio. Todo conviviendo bajo el mismo techo, todo ocurriendo al mismo tiempo en el lugar desde donde surgen las imágenes comerciales y de autor del fotógrafo Marcelo Kohn. 

“Esta es mi casa desde los 16 años”, cuenta Marcelo sobre el recinto anexo a la gran bóveda de madera y techo circular que es su estudio; un espacio contiguo a una antigua edificación de 1945 que, con la ayuda del arquitecto Jorge Broughton, hace cinco años se rediseñó obteniendo un sitio “similar a un hangar de avión”. La ampliación se efectuó con la técnica de construcción con fardos de paja forrados luego en madera.

Álvaro Mardones

 

Fotógrafo autodidacta desde hace más de 30 años, judío de tradición, ateo por convicción y apasionado observador de la ciencia y la biología, Marcelo comenta que la temática de sus fotos siempre comienza desde una reflexión personal, que puede ir desde su admiración por la ciudad de Valparaíso hasta el asombro por una fruta en descomposición.

Hoy les tengo un dato interesante, porque el fotógrafo Marcelo Kohn abrió su cocina al público hace un par de años para los amantes de la gastronomía. En un gran salón de techos altos, telas de colores y una mesa larga, los no más de 20 comensales se sientan para disfrutar de las comidas temáticas de Kohn, que incluyen aperitivo, entrada, plato de fondo y postre con maridaje. Platos como el strogonoff, penne alla vodka, pollo al coñac y más. Los interesados en ir deben reservar antes en la página de Facebook "Desgutación gastronómica". 

Álvaro Mardones (1955). En los años ochenta se crea Asociación Gremial de Fotógrafos Independientes, AFI en la que participan fotógrafos formados con la década, con un nuevo estilo y un nuevo enfoque, con una renovada filosofía de comunicación. En ella participa Alvaro Mardones, junto a Kohn, Vivado, Paulino y Rosenblatt, entre otros. 

"Las Zonas Típicas de la comuna de Santiago, Patrimonio Arquitectónico y Urbano de la Capital de Chile", constituye una investigación actual y necesaria que contribuye en alto grado a valorar nuestro patrimonio. Las magníficas fotos en colores las tomó Álvaro Mardones Saint-Jean. 

Inés Paulino. El nombre de Inés Paulino dentro del patrimonio fotográfico nacional, a ratos, suena como una incógnita: ¿quién fue esa mujer brasileña que se asentó en Chile en los años 70 y que retrató a Enrique Lihn y a Nicanor Parra? ¿Dónde están los registros de esta artista que, posteriormente, formó parte de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI) y de la Revista APSI?. 

Paulino llegó a Chile luego de estudiar Comunicación Audiovisual en Brasil, lo que le permitió insertarse de manera fácil en el campo laboral, desarrollando el fotoperiodismo en un contexto particularmente agitado para la política nacional. Desde esa vereda capturó protestas, movimientos políticos, intelectuales e incluso la vida bohemia de la época. 

“Fundamentalmente, Inés se dedicó a la prensa. El 95 por ciento de su fotografía tiene que ver con su trabajo. Ella incluso siempre ha postulado que no es una artista, sino una fotógrafa y gran parte de sus registros se produjeron en una época muy dura. Estábamos en plena dictadura de modo que el tema de las imágenes es la calle y la política”, comenta Óscar Gacitúa, quien hoy es el encargado de resguardar y catalogar el archivo de la autora que comprende cerca de 50 mil imágenes. En este archivo las propuestas son variadas: van de retratos a escritoras hasta figuras políticas como Jaime Guzmán, Ricardo Lagos y Patricio Aylwin. 

Al respecto, Gacitúa comenta: “Enrique Lihn, por ejemplo, fue un caso especial. Él era el más cercano a ella de todos los artistas de la época. Entonces, cada cosa que él hacía era registrado por Inés, ya sea teatro, películas o performances. A Jaime Guzmán también lo fotografió varias veces”. 

A fines de 2016, cinco mil negativos de Paulino fueron adquiridos por el del Archivo Fotográfico y Audiovisual de la Biblioteca Nacional, lo que permitió que la fotógrafa se transformara en la primera mujer en formar parte de esta colección. “Aquí tenemos como 400 mil fotografías. Hay muchas tomadas por mujeres, pero no están identificadas ni están en un conjunto fotográfico como es el caso de Inés”, indica Soledad Abarca, jefa de esta unidad. 

“Inés Paulino es una fotógrafa reconocida, pero, al mismo tiempo, bastante desconocida por el público en general. Su trabajo en la revista APSI fue muy activo. Tiene registros importantísimos de todo el tiempo de la dictadura y además de movimientos sociales, políticos y mucho sobre el movimiento cultural de la época. Ella tenía una cercanía muy particular con muchos artistas, poetas, escritores, entonces hay como una mirada desde dentro de ese mundo que en esa época estaba como en el apagón cultural”, añade. 

Pablo Rosenblatt. Después de estudiar Medicina y Biología en la Universidad Católica de Chile, donde se graduó con honores, Pablo Rosenblatt estudió Bellas Artes, con mención en Cine, en la Universidad de York, Canadá. Desde muy joven retrató sus impresiones con una Nikon y una Rollei 6x6. Fue entonces cuando las imágenes subjetivas de Bill Brandt, Man Ray y Robert Frank le abrieron otro mundo posible en la fotografía. En 1978 junto a sus colegas Mario Vivado, Álvaro Mardones, Marcelo Khon y "Pitón" Balmaceda formó un recordado colectivo artístico y profesional que se transformó en un amplio laboratorio de investigación, en el sentido profundo de la palabra. Hasta 1986 desarrollaron una intensa exploración fotográfica sobre el color, las cámaras de gran formato, el laboratorio blanco y negro y el fotomontaje para efectos especiales. Realizaron numerosas... 

Un rumor recorría los pasillos de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC, que a fines de los 70 era un pañuelo. Se decía que en ese momento, plena dictadura, autoridades de la Armada habían visitado al biólogo marino y académico de la universidad Bernabé Santelices para encomendarle una misión estratégica: que armara una expedición científica al extremo sur del país para explorar si era posible sacarle partido a la Macrocystis pyrifera (el popular huiro). Era una oportunidad importante en una época donde no había tantos viajes para investigar. Pocos estaban enterados de que el objetivo científico era más bien una pantalla para un fin militar ante una potencial guerra con Argentina. 

En ese momento Chile y Argentina se disputaban las islas Picton, Nueva y Lénox, y ante un posible reclamo argentino por estos territorios en el canal Beagle había que montar una industria de lo que fuera en la zona para probar que el país hacía soberanía. Y lo único que sabían era que ahí había huiros por montones, precisamente lo que investigaba Santelices. “Era un problema de Estado contra otro Estado y podíamos usar un trabajo científico para resolver el conflicto”, recuerda el académico. registro histórico”, le ofreció el veinteañero Pablo Rosenblatt. “Yo lo conocía y sabía el potencial de Pablo en lo que quería hacer y era interesante dejar registrada la expedición”, comenta Santelices. Ese fue el primer documental de este personaje que desde entonces se convirtió en uno de los principales divulgadores de la ciencia en Chile, responsable, por ejemplo, del programa Enlaces que tuvo TVN y de Mentes Brillantes, una serie documental que muestra la vida de los premios nacionales de ciencias cuya tercera temporada se estrena en octubre en UCV TV.

Álvaro Mardones

 

Mientras formaba el equipo que lo acompañaría, el científico se encontró con un estudiante de biología al que le gustaba sacar fotos y filmar. “Llévenme y documentamos la expedición. Esto va a ser un  Mario Vivado. Se desempeña en la fotografía desde 1977. Desarrolla en aquellos años una innovadora técnica de efectos especiales que aporta imágenes impensables ayudando al proceso creativo de las agencias y sus clientes para las más exigentes campañas publicitarias. Investiga en la expresión humana del cuerpo y el rostro a través de la foto teatral de danza y teatro con distintos grupos y directores del medio. 

Se destaca dentro del gremio y medio publicitario, siendo premiado y reconocido con numerosas menciones por sus imágenes que alcanzan más allá de una técnica impecable una gran expresividad que llegan a tocar y sensibilizar al espectador con múltiples sentimientos. 

Paralelamente a lo publicitario, trabaja constantemente en la fotografía artística participando y colaborando con galerías y museos obteniendo logros y reconocimientos a sus aportes creativos. Con el advenimiento de lo digital se adapta y se impregna de lo que esta nueva tecnología le otorga y la aprovecha con agradecimiento del desarrollo que les ofrece a sus nuevas creaciones. La exposición “Lo que el Sida se llevó” consta de 24 imágenes, realizadas para acompañar la performance homónima. Ésta consistía en la representación de un dolido San Sebastián atravesado por jeringas. En una sesión de cuatro horas, compartidas con vino y muchas risas, el fotógrafo Mario Vivado retrató a “Las Yeguas del Apocalipsis”, con la supervisión de la bailarina Magaly Rivano para las posturas corporales. Muchas de esas imágenes finalmente no se utilizaron para acompañar la acción del Instituto Chileno Francés, y fuero exhibidas por primera vez en D21. En ellas aparecen Casas y Lemebel caracterizados como BusterKeaton, Marilyn Monroe, las hermanas de “La Casa de Bernarda Alba”, entre otros personajes clásicos. 

Con la colaboración de Jorge Zambrano como curador y director de arte, el fotógrafo Mario Vivado elaboró un montaje especial para la galería D21, con obras en blanco y negro tratadas con blanqueador, y color, que lograrán revivir a uno de los colectivos más innovadores que ha tenido la escena artística nacional.

Claudio Rodríguez - Mario Vivado

Liliana Ross - Mario Vivado

Loreto Valenzuela, Cristian Michaelsen - Mario Vivado

Lecho del río - Mario Vivado

 

lunes, 18 de mayo de 2020

TESOUROS DA AMÉRICA


TESOUROS DA AMÉRICA

Por ocasião da celebração do Dia Internacional dos Museus, dar-se-á em 18 de maio a abertura virtual da exposição Tesouros da América, que apresenta obras de 29 artistas chilenos. A exposição estava programada para ser realizada fisicamente no Centro Cultural de Cascais, em Portugal, mas foi adiada, devido à pandemia que nos afeta. A extraordinária ideia de fazer a exposição em modo virtual foi concebida, projetada e construída pela Fundação D. Luís I, entidade gestora do Centro Cultural de Cascais, com a colaboração dos próprios artistas e curadores, e pode ser vista na Internet, através do site www.fundacaodomluis.pt.

Em celebração dos 500 Anos da Descoberta, feita pelo navegador português Fernão de Magalhães, do estreito que tem o seu nome no sul do Chile, foi acordado o projeto, entre estes 29 artistas chilenos, de realizar uma exposição em Portugal. Para isso, foi contatado o Arqº Luis Manuel Pereira, diretor da revista ARQA, de arte e arquitetura, publicada na cidade de Lisboa e que conta com grande prestígio internacional. L. M. Pereira visitou posteriormente o nosso país e aproveitou para ver as obras dos artistas que compõem o grupo.

É necessário agradecer o compromisso do Presidente da Câmara Municipal de Cascais, Dr. Carlos Carreiras, e do Presidente da Fundação D. Luís I, Prof. Salvato Teles de Menezes, que aceitaram o projeto da exposição, o que resultou num grande esforço humano e financeiro. Também é importante agradecer à Arqª Isabel Alvarenga, coordenadora do Centro Cultural de Cascais, que orientou uma grande equipa responsável pela organização física e virtual da exposição Tesouros da América.

O Centro Cultural de Cascais é um edifício de grande beleza e tem o espaço necessário para apresentar o trabalho dos 29 artistas chilenos, os quais têm uma trajetória importante, tanto no Chile como no resto da América Latina.

O catálogo de Tesouros da América permite que o passado coexista com o presente, pelo que é feita referência à passagem de Gabriela Mistral pela cidade de Lisboa, ao filme de Raúl Ruiz, Mistérios de Lisboa, rodado em Sintra, e a Guillermo Muñoz Vera, mestre chileno que vive em Chinchón, Espanha, e que pinta os mundos de um povo navegante. É essa a base sólida da mostra. Ver estes trabalhos num local de primeira classe como Cascais é um orgulho para a divulgação da arte nacional.

Importa ainda sublinhar o patrocínio do nosso embaixador, Don Pedro Pablo Díaz, que tem sido fundamental. Destaca-se também a colaboração dos empresários Luis Fernando del Valle e Décio Frades pelo apoio financeiro.

Ernesto Muñoz, Curador da Exposição
Presidente da Associação Internacional de Críticos de Arte (AICA) – Secção Chilena

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DA iBÉRIA À LATINIDADE CRIATIVA

A passagem há 500 anos do estreito de Magalhães trouxe ao Mundo Moderno um conceito novo: a mundialização, uma vez que a união de dois oceanos nos confins do mundo abriu à Humanidade a dimensão do planeta. A síntese deste feito está na expansão e na conectividade que foram a génese daquilo que hoje apelidamos de globalização, realidade que tem como ferramenta fundacional a língua e como veículo o mar.

Fernão de Magalhães e Sebastian Elcano, oriundos desta península que o Nobel da Literatura português sonhou e transformou em Jangada de Pedra, uma Ibéria flutuante imaginada como uma atopia genética de dois povos que se libertam das amarras castradoras do Velho Continente para dialogar com o Mundo.

Quebradas as barreiras do mar grego ou romano, que era finito, cruzaram o Atlântico que, como disse Fernando Pessoa, é o mar sem fim e uniram-no com o mar do Sul, o Pacifico, alargando assim a infinidade. Desse horizonte sem fim nasceu uma mescla cultural cuja riqueza vem de Camões e Cervantes mas também de Drummond de Andrade e Alejo Carpentier.
Essa expansão pelos mares ligou duas línguas, o português e o espanhol, que hoje são faladas por mais de 600 milhões de pessoas em cerca de 30 países ao redor do planeta, acrescentadas com neologismos e sonoridades crioulas de uma riqueza imagética cuja representação visual está nos 29 artistas chilenos destes "Tesouros da América", aqui temperada com a singularidade mágica pré-colombiana.

Se a dimensão do mar não tem fim, a dimensão de duas línguas, o português e o espanhol, que se expandiram e ligaram em África, América Latina e Europa, é um meio cultural gerador de dinâmicas que aproximam povos e nações quebrando preconceitos para uma nova universalidade.

E essa universalidade, uma força que reside no triângulo dos três continentes, contém uma pluralidade identitária única e um entendimento multifacetado que queremos preservar e alargar, como se pode ver por esta excelente exposição que é apresentada nas salas do Centro Cultural de Cascais.

Carlos Carreiras
Presidente da Câmara Municipal de Cascais.

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TESOUROS DA AMÉRICA

Tesouros da América é uma das mais importantes exposições em Cascais, integrando a excecional programação de 2020 do Centro Cultural de Cascais numa altura em que celebramos cinco anos de atividade do conceito inovador que o Bairro dos Museus é e em que o Mundo celebra os 500 anos da viagem de circum-navegação de Fernão de Magalhães.

Unindo estas duas celebrações, e renovando a forte aposta do Município na Cultura, consubstanciando a estratégia definida para esta área pelo Presidente da Câmara, Carlos Carreiras, é com grande orgulho que a Fundação Dom Luís I, responsável pela programação do Bairro dos Museus, e a Câmara Municipal de Cascais, em parceria com a Embaixada do Chile e a AICA-Secção Chile, apresentam, pela primeira vez em Portugal, obras de 29 artistas chilenos contemporâneos, no âmbito das comemorações da viagem de Fernão de Magalhães.

O navegador deixou para sempre a sua marca ao longo dessa tormentosa viagem, sendo ainda hoje inspiração nas mais diversas áreas, entre as quais a Arte e o Conhecimento, em muitas regiões do Mundo, nomeadamente a América do Sul.

Estes muito especiais Tesouros da América, diferentes mas não menos importantes do que aqueles que eram preferencialmente procurados pelos descobridores de antanho, podem, assim, ser descobertos no Centro Cultural de Cascais através de um variado conjunto de obras de artistas chilenos, numa homenagem única a essa epopeia em que os portugueses desempenharam um papel fundamental.

Salvato Teles de Menezes
Presidente do Conselho Diretivo
Fundação D. Luís I




 

TODOS OS ARTISTAS copy
TODOS OS ARTISTAS2
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miércoles, 6 de mayo de 2020

“Artista comunista” 2


Estimados amigos, sigo leyendo con atención y agrado las contribuciones al debate. Curiosamente, la pregunta por la categoría del “artista comunista” se conecta muy bien con la nota que hace el profesor Zamorano sobre la polémica suscitada en Chile a raíz de la Bienal Hispánica de 1951. Esto es una muestra que las relaciones entre arte y política no han sido un “hallazgo” de las últimas décadas, como alguna crítica ha instalado la hipótesis, sino que es un modo permanente de relación, y que el trabajo en historia es reconstruir en cada período, en cada fase, en cada coyuntura, escenas polémicas consecuentes. La gran contribución de esta ponencia es que se considera, por vez primera en la escena chilena de 1951, una lista del nivel de compromiso de un número determinado de artistas frente a una situación de excepción. La lista que me llamó positivamente la atención fue, justamente, aquella que enumera a los artistas que decidieron participar en la bienal, porque denota la pertenencia de la mayoría de los firmantes  a las estructuras de enseñanza de la Universidad de Chile. De modo fraternal, quiero señalar que los participantes pertenecen a la oficialidad docente de una Facultad, donde sus autoridades se ufanan de haber derrotado a dos amenazas: la vanguardia francesa “fauvista” y la pintura mexicana de propaganda. Es así como lo escribe el secretario de estudios en la presentación del catálogo del único envío chileno a alguna exposición en el exterior, en 1942 o 1943,  en la ciudad de Toledo (Ohio). En 1951, no han cambiado las condiciones de envíos para el arte chileno y es comprensible que ningún artista considere quedar fuera. Además, aquellos que promueven el boicot quedan descalificados, obviamente, en su condición de “rojos”.  No cabe duda que la mención a este debate señala el estado de la escena plástica chilena en ese entonces. Sin embargo, la mención que hace el profesor Zamorano a la participación del crítico Romera resulta insuficiente. Solo menciona una carta de Alvarez de Sotomayor, a título anecdótico, en la que sepulta –indirectamente- el legado de la Generación del Trece, poniendo en aprietos la proyección formal del primer grupo pictórico de carácter “plebeyo” reconocido en la escena. Romera deja entrever que la descalificación política de Alvarez de Sotomayor acarrea consigo la descalificación estética de dicha Generación Pero no se aclara la posición expresa del propio Romera en el debate. 
La ponencia del profesor Zamorano tiene una virtud: comienza haciendo referencia a una situación institucional que permite pensar que la Bienal Hispana realiza la figura de una regresión, en relación al acontecimiento que tiene lugar en Chile en 1950: la muestra francesa “De Manet a nuestros días”. Pero hay una segunda virtud en el enunciado de la ponencia. En la lista de artistas que deciden participar, hay una gran cantidad de profesores de la Escuela de Bellas Artes. Al respecto, agrego una información que espero contribuya al debate actual sobre la reconstrucción de las relaciones entre arte y política en 1950. En la prensa de la época se entrevista a profesores de dicha escuela sobre el efecto de la muestra francesa y éstos se afanan en declarar que la encuentran peligrosa para el destino de la enseñanza de arte. Posición que es apoyada por el crítico Nathanael Yáñez Silva. En definitiva, la muestra es un mal ejemplo. Lo que no se señala es que los artistas franceses que representan a “nuestros días” son Bazaine, Tal Coat, Singier, Manessier, Le Moal  (marido de la escultora chilena residente en París, Juana Muller).  Si no me equivoco, creo que estaba, también, De Stael, que será fundamental como referente para el desarrollo de la pintura de Gracia Barrios. De modo que, la muestra francesa expone los términos sobre los cuáles se va a organizar el desarrollo de la plástica chilena, a lo largo de la década, sobre todo si se piensa que José Balmes obtiene el gran premio del Salón de 1958.

“Artista comunista” 1


Estimados amigos, he leído con mucha atención y agrado la contribución de Marcelo Ridenti, de la Universidad Estadual de Campinas. Abre un debate historiográfico sobre el estatuto del “artista comunista” en América Latina, en determinadas coyunturas. Me resulta muy estimulante  la lectura de su ponencia, en la medida que desde Brasil se levantan algunas propuestas para definir una posible categoría, sobre todo si atendemos a la existencia de los Clubes de Grabado, que desde los años cincuenta se establecen por el Brasil, organizados por artistas comunistas del grabado, que fundan clubes de cultura bajo la forma de clubes da gravura. De hecho, es con estoa estrutcura y, particularmente, con Scliar, que un grabador chileno como Carlos Hermosilla, se conecta epistolarmente entre los años cincuenta y sesenta. No sabemos mucho. Solo de oídas. Hay que hacer pesquisas sobre la correspondencia de Hermosilla, que en Chile es un artista comunista muy importante, en el arte del grabado. No solo porque produce una serie de grabados anti-fascistas en 1939-1940, que denomina “serie de Las Banderas”, sino porque es un miembro activo de un comunismo estético muralizante, que no tiene nada en común con otras tendencias plásticas, igualmente formadas por artistas que están en el partido comunista, pero que manifiestan, si se quiere, una mirada cosmopolita. Ellos están en el “arte contemporáneo” y combaten la influencia del muralismo mexicano y brasilero en Chile. Son otros comunistas, artistas, pero que se salen de la categoría “artista comunista”. La paradoja es que para ser aceptados en el mainstream del arte contemporáneo, se habrían visto obligados a des/comunizarse. Lo cual puede no ser efectivo, porque ya en los años setenta, la infracción permanente deviene canon estético y no es necesario hacer reivindicación alguna. En cambio, “artista comunista” es quizás una categoría que funciona, políticamente, entre mediados 1925 y 1955, en el marco de los congresos por la paz, durante  la “primera guerra fría”.
Hago mención al acto del Estadio Pacaembú, en 1948 o 1949, si no equivoco la fecha, cuando liberan a Luiz Carlos Prestes y es presentado en ese escenario or Pablo Neruda: “el pueblo habrá por su voz”, dice. De modo que “artista comunista” quizás sea una denominación que sea muy datada y que dependa de algunos elementos, tales como la  subordinación a la política cultural del Kominform, al jdanovismo y a la búsqueda de un cierto tipo de articulación  entre cultura popular y arte contemporáneo.

Habría que preguntar a nuestros colegas de Francia, si este es un fenómeno que se puede reconstruir en esta escena. Pienso, por ejemplo, en la gran exposición mexicana que se presenta en París a comienzos de los años cincuenta, y donde Benjamin Peret escribe  en contra de Siqueiros, que está presente en dicha exposición. Advierte a los fraceses que un ha venido un pintor que ha cambiado su pincel por una pistola, haciendo referencia a su participación en el primer atentado a Trotsky.

En muchos países no occidentales, que no se podría calificar de sostener una política cultural comunista, determinados intelectuales y artistas comunistas pasan a ocupar importantes cargos institucionales. Esto tiene que ver con políticas de prestigio más que con la encarnación de una utopía. Los comunistas practican un “entrismo” institucional que a la postre se revela muy eficaz, en el seno de estructuras estatales que carecen de especialistas, en una época –como los años sesenta- en que los aparatos universitarios ejercen funciones de ministerios de cultura avant-la-lettre.  Es lo que ocurrió en Chile entre los años sesenta y setenta. Es probable que esto haya tenido lugar, también, en algunas ciudades, en Brasil, en la misma época. Sin embargo,  en países de fragilidad estatal significativa esto  se saldó con razzias enormes. 

De todos modos, el acceso de las clases desfavorecidas al goce de bienes culturales universales, no es propio de un programa comunista. Hay una concepción burguesa que reivindica dicho culturalismo y que se hace responsable de las primeras polñiticas de difusión cultural, practicando un paternalismo muy propio de la época. Lo pienso en relación al surgimiento de un interés por la reivindicación de las artes populares, desde una mirada culturalista de corte germano, que fue muy popular en los años treinta. Todo esto tuvo una estrategia no-comunista de desarrollo de planes de “promoción popular”, llevados adelante por un gobierno demócrata-cristiano, entre 1964 y 1970. Programa al que los comunistas se “pliegan”, ocupando el aparato del Estado que debe llevar adelante dichos programas.

El regreso a la democracia, en Chile, todavía en 1990, se caracterizó por una exclusión en forma de todo personal comunista que pudiera habilitar la reconstrucción de su cultura partidaria, que había sido muy fuerte hasta 1973.

Gracias, Marcelo Ridenti, por su contribución.

Justo Pastor Mellado
AICA - Chile



"¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!": los artistas chilenos en la I Bienal franquista de 1951.


Pedro Emilio Zamorano Pérez
Dr. en Historia del Arte
Profesor Titular, Instituto de Estudios Humanísticos Universidad de Talca
Calle 2 Norte N° 685, Talca
56-71-2200459
pzamoper@utalca.cl
Resumen.
En 1951 se realizó en Madrid la primera de las tres bienales de arte con las que el gobierno franquista quiso expresar un testimonio de apertura internacional, especialmente respecto de los países hispano americanos. El certamen, administrado desde el espacio oficial, contó con la presencia de diversos países, entre ellos Chile. Esta I Bienal generó un fuerte debate tanto en España como en los países que participaron en ella. En España, por los criterios tradicionalista que promovían la mayor parte de sus organizadores; en hispano América, especialmente en Chile, por la ilegitimidad del gobierno presidido por el general Francisco Franco. Los artistas nacionales se dividieron entre los que asistieron al certamen y los que desistieron de participar, generándose un fuerte debate al interior del escenario estético local.
Summary.
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In 1951 the first of the three biennials of art was performed in Madrid, with which the Government of Franco wished to express a testimony of international opening, specially with respect to the other Hispanic America countries. The contest, managed from the official zone, counted with the presence of different countries among them Chile. This first biennial originated a great debate in Spain as well as in the other countries that participated in it. In Spain, due to the traditional criterias that promoted the majority of their organizers; in Hispanic America, specially in Chile, because of the illegality of the government directed by the General Francisco Franco. The national artists split between the ones who attended the contest and the ones that rejected the participation, creating a strong debate in the inner aesthetic local scenario.
Antecedentes.
El presente trabajo tiene como objetivo indagar en las relaciones artísticas producidas entre Chile y España en un período muy significativo del proceso “hispanoamericanista” potenciado desde el gobierno del general Francisco Franco. El mismo se inició hacia 1945, una vez terminada la segunda guerra mundial, y se extendió hasta finales de los años 50 y principios de los 60, etapa que marca la “apertura” internacionalista de España. De este modo, de la autarquía política y cultural de los años 40, se pasó hacía una política de apertura, especialmente hacia el mundo latinoamericano y, en este sentido, la I Bienal de Arte Hispanoamericano marca un punto de inflexión en este proceso.
Un punto de partida, anterior, podría ser la fundación del Museo de América en 1941, piedra basamental de ese “reencuentro”. Indudablemente, la fundación del Instituto de Cultura Hispánica en 1946, y un lustro después la realización de la I Bienal, que tendrá dos ediciones más en 1953 (La Habana) y 1955-56 (Barcelona), afianzarán esa trayectoria. El periodo de trabajo podríamos cerrarlo en 1963 cuando se lleva a cabo en
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Madrid la exposición “Arte de España y América”, en que se imponen lenguajes estéticos más avanzados que en las bienales, en especial los informalismos. La presencia de artistas chilenos se contextualiza sólo en la I Bienal, no registrándose presencia nacional en los dos certámenes posteriores.
Este trabajo se desarrolla en dos ámbitos, el español y el chileno. En cuanto a lo primero se revisan las aportaciones del investigador español Miguel Cabañas Bravo, autor entre otros textos, del libro La política artística del Franquismo1, además de la consulta de distintos archivos españoles, entre ellos el de la Biblioteca de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ex Instituto de Cultura Hispana). Respecto de lo segundo, el trabajo indaga en un capítulo poco estudiado del arte chileno, como lo fue la presencia en esa primera Bienal de los artistas nacionales.
Panorama del arte chileno hacía 1950: algunos antecedentes.
Parte significativa de la escena de las artes visuales en Chile, en el ecuador del siglo XX, hace eje en la institucionalidad académica. La Escuela de Bellas Artes es el espacio, casi hegemónico, desde donde se organiza el sistema de formación, difusión y recompensas. Ese año se recuerda también porque hubo en el Museo Nacional de Bellas Artes dos importantes exposiciones que confrontaron a los estudiantes de artes, a los artistas y a la comunidad cultural con las tendencias más contemporáneas. Se trata de la exposición De Manet hasta nuestros díasy la muestra de Emilio Petorutti. La primera, inaugurada en mayo de 19502, que contó con textos en el catálogo oficial del entonces Conservador del Museo del Louvre, René Huyghe, y de Gastón Diehl, Comisario General de la muestra, tuvo consecuencia en los jóvenes que cursaban estudios artísticos en la
1 Cabañas, M. “La política artística del Franquismo. El hito de la Bienal Hispano-Americana, Biblioteca de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid 1996.
2 La muestra se realizó con los auspicios del Ministerio de Educación Pública de Chile y a iniciativa del Comité France-Amerique, por el Instituto de Extensión de Artes Pláticas de la Universidad de Chile.
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Facultad de Bellas Artes ya que trajo al país obras originales de más de sesenta artistas, principalmente franceses, de primer nivel mundial3. Sobre el particular el entonces estudiante de arte José Balmes, hoy Premio Nacional de Arte, comentó: “Para nosotros fue muy importante. Recuerdo que durante más de un mes de exposición pasamos todos los días en el museo. Porque en ese momento encontramos que ahí estaba la respuesta a la modernidad; nos decíamos que así como ellos hablan de sus propios problemas, nosotros teníamos que hablar con ese lenguaje pero de nuestros problemas”4. Estos estudiantes, en 1946, cuando cursaban el tercer año en la Escuela, habían creado el grupo de Estudiantes Plásticos, integrado por estos artistas y otros alumnos del plantel5. Se trata de un conjunto de jóvenes que, desde la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, comienzan a cuestionar las bases teóricas y los esquemas académicos y metodológicos que se practicaban en el plantel. Ellos pretendieron llevar el debate estético a dominios más amplios y renovados. “Querían establecer una relación más clara y coherente entre la creación artística entendida en términos dinámicos- y el desarrollo histórico, social y cultural de la misma”6.
Ese mismo año, en el mes de agosto, se inauguró la exposición retrospectiva del pintor argentino Emilio Pettoruti. La muestra, que contó con los auspicios del Ministerio de Educación Pública y de la Universidad de Chile, entidad representada al efecto por el
3 La exposición “De Manet hasta nuestros díashizo posible que un conjunto representativo de obras originales del arte francés de fines del siglo XIX y comienzos del XX se exhibieran en los salones del Museo Nacional de Bellas Artes, agrupándose en tres categorías: Impresionistas y Simbolistas, la Escuela de París, y las Generaciones más jóvenes. La muestra incluyó 137 obras originales de distintos artistas: Impresionistas, Simbolistas, Fauvistas, Cubistas, Surrealistas, hasta las generaciones más jóvenes. El público y los artistas locales pudieron ver obras de Edouard Manet, Claude Monet, Berthe Morisot, Camille Pizarro, Augusto Renoir, Henri de Tolouse-Lautrec, Pierre Bonnard, Maurice Denis, George Braque, André Derain, Roaul Dufi, Fernand Leger, André Lhote, Albert Marquet, Henry Matisse, Pablo Picasso, Georges Roault, Jacques Villón, además de los artistas jóvenes más promisorios de la Escuela Francesa.
4 Balmes, José, citado por Badal, Gonzalo, “Los años de formación”, “Balmes, Ocho Libros Editores Ltda. p. 50, Santiago de Chile 1995.
5 En este grupo encontramos a quienes formarán luego el grupo “Signo”: José Balmes, Gracia Barrios, Eduardo Martínez Bonatti, Guillermo Núñez y Alberto Pérez.
6 Badal, G., Balmes, viaje a la pintura, Ocho Libro Editores, Santiago de Chile, 1995, p. 49.
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Instituto de Extensión de Artes Plásticas7, tuvo como Comisario al pintor chileno Jorge Caballero, confrontando al espectador, en el espacio oficial del Museo, con un discurso estético que recorría elementos abstractos, cubistas y futuristas.
I Bienal Hispanoamericana de Arte: la participación chilena.
El 12 de octubre de 1951 se inauguró en el Museo Nacional de Arte Moderno, Museo Arqueológico de Madrid, la I Bienal Hispanoamericana de Arte, evento internacional dirigido a los países de vínculo hispano. Según el artículo primero de los Estatutos, la exposición fue creada “para fomentar en Hispanoamérica y España el mutuo conocimiento de las Artes Plásticas producidas por los artistas contemporáneos de esta comunidad de países” 8. De este modo el certamen, organizado por las embajadas y el Instituto de Cultura Hispana, en sus sedes en los diferentes países, se justifica en el contexto de una política de acercamiento del gobierno franquista con el mundo hispanoamericano y, en consecuencia, concilia tanto intereses políticos, propagandísticos, como culturales y artísticos9.
En el catálogo oficial, escrito por el crítico catalán Eugenio D’Ors, una de las voces teóricas más influyente de la península, se consigna también la participación en la Junta Organizadora del certamen de Alfredo Sánchez Bella, director del Instituto de Cultura Hispana y presidente de la Junta, de Fernando Álvarez de Sotomayor en su calidad de director del Museo del Prado, del crítico José Francés, de los académicos Enrique Lafuente Ferrari y Manuel Sánchez Camargo, entre otros actores de la institucionalidad
7 Colaboraron también el Museo Nacional de Bellas Artes, La Sociedad Nacional de Bellas Artes, la Asociación Chilena de Pintores y Escultores y la Federación de Artistas de Chile.
8 Exposición Bienal Hispanoamericana de Arte, Estatutos, Instituto de Cultura Hispana, Madrid 1951, p. 7.
9 A la Bienal de Madrid le siguieron dos ediciones más; en La Habana, en 1954, y la de Barcelona en 1955-1956.
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cultura y el mundo académico de la península. El secretario general de la exposición fue el literato Leopoldo Panero figura central en la organización de la muestra.
De otra parte, el certamen, considerado como el hito artístico más importante y trascendente de la España franquista, puso en confrontación a la estructura academicista española, abrigada en la institucionalidad de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con aquellos movimientos más vanguardistas que dominaban fuera de la península.
En este sentido hubo, tanto en España como en los países invitados, adhesiones y rechazos a la convocatoria.
Los artistas españoles de mayor prestigio internacional en ese entonces tuvieron distintas actitudes frente a la exposición. Dalí aplaudió entusiastamente la iniciativa en tanto que Picasso expresó su descontento, que tradujo en un “manifiesto anti-bienal”. En el documento el pintor malagueño recomendaba, junto a otros exiliados españoles en París, no sólo la no concurrencia al certamen, sino también la celebración en París y otras capitales americanas de exposiciones contra bienales paralelas a la que se debía celebrar en Madrid. La actitud de Miró, en tanto, fue menos comprometida y más distante.
La polémica que se instaló hizo eje tanto en la ilegitimidad política del régimen español como en los conceptos estéticos, más bien tradicionales, que se sustentaban en forma mayoritaria en la muestra. Este fuerte rechazo a la convocatoria se manifestó en distintas instancias; en el espacio de la prensa, en algunas contra bienalesque se organizaron como exposiciones paralelas, como la que hubo en París, y en la acción de grupos de artistas que se excluyeron de participar. En estas acciones de rechazo al certamen, fue importante, también, la actuación de algunos artistas españoles residentes o exiliados en el extranjero. En estas actividades, espontáneas y casi informales, hubo un fuerte cuestionamiento al régimen organizador del certamen, a la vez que un testimonio de solidaridad con los artistas españoles expatriados.
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De otra parte, la presencia en el certamen de algunos artistas españoles más vanguardistas, entre ellos Maruja Mallo y Jorge de Oteiza, puso otra arista en el debate, trasladando la controversia al plano ideológico-estético. La numerosa cantidad de obras exhibidas en la Bienal, que se distribuyeron en los salones del Museo de Arte Moderno, la Sociedad de Amigos del Arte, el Palacio de Cristal y el Palacio de Exposiciones del Retiro, representaban una suerte de eclecticismo estético, incorporando diversas escuelas y tendencias; “Desde las rigurosamente académicas hasta las formas desconcertantes del discutido artes abstracto”10.
El crítico Antonio Romera se hace parte de este debate. En un artículo que denominó “Batalla pictórica en Madrid”11 refiere la controvertida participación en la polémica de Fernando Álvarez de Sotomayor, el conocido inspirador de la generación de pintores de 1913. Romera refiere una carta que envió el pintor gallego al presidente de la Sección de Psiquiatría del Colegio Médico de Madrid, rogándole que “... estudiara profesionalmente a los expositores de la bienal y resolviera el dilema angustioso de si se trataba de pintores o de alienados”. La provocadora misiva de quien fuera director de la Escuela de Bellas Artes de Chile en 1911 generó apoyos y rechazos en la intelectualidad española. El fundamento de tales posiciones se sustentaba más en argumentos políticos que en consideraciones estéticas. Frente a los calificativos de “rojos”, proferidos por el pintor gallego cuando se refiere a la participación de algunos artistas o, como se señala en otros párrafos de la carta, dejar “la puerta abierta a la picaresca judaica de París”, el grupo contrario, integrado por Vásquez Díaz y otros, calificó a Sotomayor como un artista representativo de una “rutina degenerada e inútil”, o como “maestros que el mundo ignora o compadece”.
10 M. V. (firmado) “Picasso y el bienal de Madrid”, El Diario Ilustrado, Santiago de Chile, 12 de noviembre de 1951, p. 3.
11 Romera, A., “Batalla Artística en Madrid”, diario La Nación, 28 de marzo de 1952.
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Aunque la Bienal, como estaba previsto, finalmente funcionó, “... las ácidas pugnas estéticas demostraron la gravedad que alcanzaba el distanciamiento entre aperturistas y conservadores al interior del régimen franquista”12.
Si bien fue compleja la organización del certamen en España, aún lo fue más en los países invitados a participar. Miguel Cabañas habla sobre las dificultades con que se encontraron los representantes de España en los distintos países americanos a la hora de organizar las muestras locales. Cuando no indiferencia, derechamente hubo hostilidad a la iniciativa cultural del régimen español. A este respecto cita un despacho, de mediados de octubre de 1950, del embajador español en Chile José María Doussinague, en donde señala los problemas que él preveía para la participación chilena en el certamen. Una primera dificultad tenía que ver con el factor económico ya que, de acuerdo a los estatutos, cada país debía concurrir con una suma de 100.000 pesetas y que, según él, el país, que pasaba por una crisis económica, no estaba en posición de poder solventar.
Una segunda dificultad, a decir del embajador, tenía un carácter más político. “Las artes plásticas están en Chile, desde el punto de vista político, totalmente dominadas en lo oficial por elementos extremistas, filocomunistas o comunistas declarados”13. Señala, además, que las personas que habría que designar para el Jurado de Selección, en donde participaba el Decano de la Facultad de Bellas Artes y el Director del Museo, de acuerdo al Artículo 18 de los Estatutos, corresponden a similar tendencia. Este tipo de dificultades, que se manifestaron en varios países, tenían como fundamento el rechazo que generaba en la mayoría de los países latino americanos la política del gobierno franquista.
Los augurios y preocupaciones que el embajador Doussinague había planteado tenían sentido. La representación nacional, aunque numerosa, fue compleja y polémica en su
12 Jara, I., De Franco a Pinochet. El proyecto cultural franquista en Chile 1936-1980, Colección Teoría N° 16, Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2006, p. 223.
13 Cit. en Cabañas, M. O. Cit., p. 238.
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organización y generó dos grupos; aquellos que asistieron y los que restaron su participación.
De otra parte, en una carta del director adjunto de Relaciones Culturales Mariano Vidal, dirigida al director del Instituto de Cultura Hispana, Alfredo Sánchez Bella, le informa
acerca de la participación chilena en la Bienal; “Aunque no se ha logrado la colaboración de los organismos oficiales chilenos en cuyas comisiones abundan desde los comunizantes hasta los masones- se ha obtenido por vías indirectas y particulares, que numerosos pintores, y la mayoría muy buenos, decidan enviar sus obras”14.
Este complejo panorama hacía abrigar pocas esperanzas al embajador Doussinague y así lo manifestó en carta dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores; “...considero prácticamente imposible el que las artes plásticas chilenas estén representadas en la forma que fuera de desear dentro de la Exposición Bienal de Arte Hispanoamericano, por lo que únicamente cabría pensar en la concurrencia de artistas aislados y dispuestos a concurrir a la muestra por propia iniciativa, siempre que esta posibilidad tenga cabida en la organización de la misma”15.
Las aprehensiones del embajador tenían en cierto modo asidero. Acertó en su lectura y ponderación de las circunstancias críticas que la concurrencia al certamen había generado; equivocó su estimación sobre la concurrencia de los artistas nacionales, que, finalmente, fue verdaderamente numerosa.
Como era previsible, en Chile la invitación generó una fuerte división en la intelectualidad chilena, originando un debate entre aquellos que acogieron la invitación y los que se manifestaron en contra de ella. Estos últimos se pronunciaron formalmente a través de un manifiesto, “¡Muera la inteligencia, Viva la muerte!”16 -frase proferida por el general franquista José Millán-Astray en la Universidad de Salamanca, en 1936-, en donde
14 Cit. en Cabañas, M., Op. Cit., p. 464.
15 Cit. en Cabañas, M., Op. Cit. p. 239.
16 Publicado en Las Noticias Gráficas, el 12 de agosto de 1951.
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denunciaban que el gobierno nacionalista español había surgido como “una negación de la libertad, el progreso, la cultura y el arte” y que, por ello, estaba moralmente imposibilitado de hacer la muestra. Agregaba el documento que ese gobierno había infringido los más elementales valores de la humanidad y que era responsable de la desaparición y muerte de figuras tales como Federico García Lorca, Miguel Hernández y Antonio Machado, muerto en el destierro.
Los artistas firmantes del manifiesto17, amén de protestar enérgicamente, invitan a todos los artistas a “unirse al repudio” no concurriendo a la exposición o bien invitando a retirar las obras a aquellos artistas que “hayan sido sorprendidos en su buena fe”. Pese al manifiesto una cantidad significativa de 50 artistas chilenos figuran en las fichas de registro del certamen18, entre ellos varios artistas consagrados, como Pablo Burchard, y otros de gran proyección, dentro de los cuales se cuenta a 8 artistas que serán posteriormente distinguidos con el Premio Nacional.
La presencia de los distintos países invitados fue organizada desde la sede local del Instituto de Cultura Hispana, con comités de selección integrados por artistas nacionales. Del análisis de la representación nacional se coligen varios elementos. En primer lugar, el eclecticismo de la muestra; si bien es cierto los autores presentes inscriben su obra en un discurso que, groso modo, podríamos definir como tradicional, de igual modo el envío
17 Carlos Sotomayor, Lily Garáfulic, Camilo Mori, Gregorio de la Fuente, María Fuentealba, José Balmes, Gustavo Poblete, Juan Egenau, Julio Antonio Vásquez, Germán Montero, Mireya Lafuente, Julio Escámez, Emilio Piera, Sergio Mallol, Lucy Lortsch, Roser Bru, Waldo Vila, Gracia Barrios, Jaime Catalán, Emilio Cánepa y Ricardo Bindis.
18 En la biblioteca de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo están las fichas originales de inscripción de los artistas que concurrieron a la bienal. Allí figuran los siguientes artistas nacionales: Agustín Abarca, Alfredo Aliaga, Judith Alphi, Paz Astoreca, Héctor Banderas, Carlos Bonomo, Marco Aurelio Bontá, Pablo Burchard Aguayo, Pablo Burchard Eggeling, Jorge Caballero, Alberto Cabezón, Héctor Cáceres, José Caracci, Rebeca Castro, Ana Cortés, Danitza Rodríguez de Isamit, Fernando Daza, Haroldo Donoso, Augusto Eguiluz, Hipólito Eyraud, Exequiel Fontecilla, Gonzalo Tito González, Emilio Hermansen, Carlos Isamit, Laureano Guevara, Aristodemo Lattanzi, Armando Lira, Enrique López, “Magalo” Ortiz de Zárate, Humberto Martínez, Alfredo Melossi, Sergio Montecino, Flor Orrego, Carlos Ossandón Guzmán, Francisco Otta, Matilde Pérez, José Perotti, Aída Poblete, Daniel Ramos, Pedro Reszka, Israel Roa, Samuel Román, Arturo Valenzuela, Raúl Vargas, Miguel Venegas Cifuentes, Ramón Vergara Grez, Humberto Zorrilla, Raúl Santelices, Luis Strozzi y Luis Torterolo.
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traduce una amplia gama de lenguajes, técnicas y, lo más complejo, niveles de calidad. En este sentido, tanto para la instancia central, como para los comités locales de organización, resultaba relevante asegurar una respuesta lo más numerosa posible, muchas a costa de relativizar la calidad de los envíos. En esta variopinta selección nacional se consideraron desde artistas consagrados y maestros notables de la Escuela de Bellas Artes hasta algunos nombres que, en esta perspectiva de tiempo, se nos presentan sino como desconocidos, al menos como artistas de una limitada significación y trascendencia.
Ni los “sorprendidos en su buena fe”, pertenecientes a grupos generacionales de la década de los veinte y treinta y en cuya nómina encontramos a figuras muy relevantes en la historia del arte nacional; ni (todavía menos) el grupo de los artistas autores del manifiesto, integrado por las generaciones más jóvenes y, algunos de ellos, con una mayor compromiso político, acogerán la invitación del gobierno franquista para las bienales posteriores; la II Bienal, realizada en La Habana, y la III versión del certamen, en Barcelona. En los catálogos oficiales de ambas muestras no hay antecedentes de la participación de artistas nacionales.
Referencias
Cabañas Bravo, M. “La política artística del Franquismo. El hito de la Bienal Hispano- Americana, Biblioteca de Historia, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid 1996.
Badal, G. “Balmes”, Ocho Libros Editores Ltda., Santiago de Chile 1995.
Catálogo exposición De Manet hasta nuestros días. MNBA, Santiago de Chile 1950.
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Catálogo con fichas de inscripción de los participantes en la I Bienal, en Archivos Biblioteca de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Madrid, diez volúmenes.
Catálogo Exposición Bienal Hispanoamericana de Arte, Estatutos, Instituto de Cultura Hispana, Madrid, España, 1951.
Jara, I. De Franco a Pinochet. El proyecto cultural franquista en Chile 1936-1980, Colección Teoría N° 16, Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2006.
M. V. “Picasso y el bienal de Madrid”, firmado M.V. El Diario Ilustrado, Santiago de Chile, 12 de noviembre de 1951.
Romera, A. “Batalla Artística en Madrid”, diario La Nación, 28 de marzo de 1952.
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